diumenge, 28 de maig de 2017

David Leavitt (2015), Los dos hoteles Francfort. Barcelona: Anagrama (Panorama de narrativas)

https://walkwithmemaps.wordpress.com/2013/03/27/mapas-que-estan-vivos/Afegeix la llegenda

“Lisboa es la punta del dedo de Europa. Y todo lo que Europa es y significa está condensado en esa punta. Demasiado. Es una cisterna llena a rebosar… y cada vez que un barco zarpa el nivel de agua baja un poco.” P. 109-110



Lisboa 1940: embalse de refugiados, laberinto de historias, ciénaga de vidas, punto de encuentro, puerta de huida o callejón sin salida.

Entre las tragedias vitales de la multitud que huye de la persecución y de la guerra, dos parejas de snobs, los Winter y los Freleng, parecen llevar una vida frívola mientras esperan embarcar en un barco hacia los Estados Unidos  en el que, como privilegiados súbditos, tienen plaza asegurada.

Pero esta aparente ligereza y camaradería en la que viven, esconde turbios secretos que no tardan en estallar. Entonces, el pantano de Lisboa y el ritmo moroso de aguas estancadas de la narración se precipita y los juegos de cartas con el que Julia hace interminables solitarios adquiere su verdadero sentido: hace tiempo que las cartas están echadas y no se puede huir de uno mismo.

Sólo Peter Winter, el narrador, parece encontrar un nuevo sentido a su vida a partir de un objeto que también le caracteriza: su coche. Los automóviles le han permitido ganarse la vida y, ahora, le proporcionan la excusa para dejarse de frivolidades, ser útil a la sociedad y a la vez encontrar un nuevo amor. Un golpe de suerte o una especie de “hada verde” intuitiva y certera.

Quizá el instinto mismo es una suerte de “hada verde”, cuyo sabor amargo atemperamos con excusas”. P. 120.

Naipes frente a automóvil, ficción frente a realidad, este es el dilema y el juego novelesco, tal como ocurre en las novelas policíacas que escriben los Freleng donde se mezcla ilusión y vida.

Las cartas, el automóvil y, también, la perrita Daisy actúan como símbolos que caracterizan a los personajes que acompañan.

Veámoslo:

Peter Winter nos dice de su amigo Edward: “Su voz era suave y dura al mismo tiempo, como el ruido de los neumáticos de un coche sobre la grava mojada”. P. 17.

Continúa comentando que Edward Freleng lo guía:

tirando de mí como podía tirar de un perro con correa” P. 27.


Una situación tensa, de las muchas que aparecen, es vista por el narrador como:

“...cuando tienes el coche parado ante un semáforo en una pendiente muy inclinada, y debes pisar el freno y simultáneamente meter la marcha. P. 198.

No se acaban aquí los símbolos.

Las dos parejas, huyendo de los nazis, han ido a parar a dos hoteles con el mismo nombre alemán. Se me antoja que el elemento fundamental que representa el juego de espejos dobles que se establece entre los Freleng y los Winter es la puerta giratoria.


https://actualidad.rt.com/sociedad/view/96005-video-torbellino-acuatico-muerte-breta%C3%B1a

Siempre me han encantado las puertas giratorias, el espejo y el remolino en ellas; cómo, cuando pasas a través de ellas, por espacio de un instante estás sellado, en un ataúd, secuestrado en el interior de una cuña de vidrio.” P. 29.

Así están los personajes: secuestrados en un remolino. Saldrán de él y cada uno seguirá un camino diferente. Menos la que se quedará en el ataúd.

Al final, nos queda un pequeño detalle que el autor tiene a bien decirnos que es falso: en 1940 no había pavos reales en el Castelo de Sao Jorge de Lisboa. Pero el escritor quiso que los hubiera, porque sin ellos no hubiera podido cerrar la narración con esta sinfonía de metáforas tras su ruptura con Edward:

Entonces el pavo real floreció todo entero (…) como si, de entre sus plumas blancas, brotara un millar de diminutas aves blancas, un millar de diminutas aves blancas que alzaban el vuelo hacia el cielo. Las palomas rezongaron, como acusando un dolor. Se levantó una brisa, contra la que la cola desplegada era como una vela…


http://www.bioenciclopedia.com/pavo-real/

Finalizó el espectáculo. Daisy dejó escapar una serie de ladridos que eran como un claxon. Las plumas se plegaron, como unas cartas magistralmente cerradas en abanico.”

Fin del affaire y fin del juego.