dimecres, 20 de novembre de 2013

Gabriel García Márquez (1981), Crónica de una muerte anunciada. Barcelona: Bruguera (Narradores de hoy)




Crónica ficticia de un hecho real.  La vida supera a la literatura y sorprende “que la vida se sirviera de tantas casualidades prohibidas a la literatura, para que se cumpliera sin tropiezos una muerte tan anunciada.” P. 159.
GGM, como Lope de Vega en El Caballero de Olmedo, nos hace saber desde el título que el galán debe morir. Además el autor se obliga a dar verosimilitud al cúmulo de circunstancias fortuitas que hace que se cumpla una sentencia de muerte, dictada por el código del honor, que ni los mismos verdugos desean llevar a término.

La huella del Siglo de Oro está latente, pero se le da una vuelta de tuerca más. Así el lema: La caza de amor/ es de altanería tiene su eco en los versos Halcón que se atreve con garza guerrera /peligros espera. Aunque no tengamos la certeza que el halcón Santiago Nasar, se haya atrevido con Ángela Vicario que, en principio, no parece una garza muy guerrera, al contrario de María Alejandrina Cervantes que sí lo es.


La crítica coincide en señalar la sobriedad del estilo marcado por tratarse de una crónica, aún así, brillan toques de magia en forma de metáforas. Me detendré en las que denomino eclesiásticas.
“...había en la penumbra el olor de bautisterio que me había sorprendido la mañana del crimen.” P. 14.
“Pero él (Santiago Nasar) le explicó que se había vestido de pontifical por si tenía ocasión de besarle el anillo al obispo”. P. 16.
Ángela Vicario “Nos dijo el milagro pero no el santo”. P. 159.
El crimen se transforma en liturgia: olor de pica bautismal, el galán vestido de punta en blanco, pero no sabemos si Santiago Nasar es el santo que ha desvirgado a Ángela Vicario, aunque ella afirme que fue “su autor”.
A Santiago Nasar “los fastos de la iglesia le causaban una fascinación irresistible: “Es como el cine” me había dicho alguna vez.” P. 17.
Estas metáforas eclesiásticas encajan, pues, con el carácter de un muerto tan anunciado y lo revisten con el ritual de los que se enfrentan con su destino, aunque sin la talla del héroe, más bien,  con la indefensión de la mariposa.



“–Anda niña (...) dinos quién fue.
Ella se demoró apenas el tiempo necesario para decir el nombre. Lo buscó en las tinieblas, lo encontro a primera vista entre tantos y tantos nombres confundibles de este mundo y del otro, y lo dejó clavado en la pared con su dardo certero, como a una mariposa sin albedrío cuya sentencia estaba escrita desde siempre.
–Santiago Nasar –dijo.” P. 78.

El dardo ha abatido al halcón.



dijous, 7 de novembre de 2013

Beth, Tots els botons

L'amic Ramon em va parlar d'aquesta cançó farcida de metàfores que recrea el tòpic del vestit d'amor. En paraules d'Aussiàs Marc:

"Amor, Amor, un hàbit m'he tallat
de vostre drap, vestint-me l'esperit;
en lo vestir, ample molt l'he sentit,
e for estret, quan sobre mi és posat."

L'amor és un vestit que està fet de la matèria de l'ésser estimat i configura tant el cos com l'esperit. Tot i així, el vestit  li va una mica just: costa d'acostumar-se a les cadenes de l'amor.


Garcilaso de la Vega, a part de traduir els versos d'Aussiàs Marc, en fa una reelaboració:

"Mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero."

Aquí és el poeta-amant qui ha fet a la seva mida el vestit que ha de portar.

A la cançó de la Beth, parla una dóna que vesteix en cos i ànima el seu amor i que no vol repetir errors: "aquest cop vull brodar-la". No en té prou en saber-se "tots els patrons", no en té prou en "cosir-te tots els botons", ni en "fer-te la bora dels pantalons". Vol fer-ho el millor possible i té molt clar que el vestit no ha d'amoïnar:

"I amb tisores retallaré
les betes que et molestin, te les trauré,
fins que notis que aquest vestit 
més amb mi ja no pot ser..."

La identificació entre vestit i cos dels enamorats és total, perquè arriba a:

"Sargir-te amb fil vermell els pedaços del teu cor" i a voler "que siguin del vellut dels meus petons".

El vestit és un eròtic fetitxe i l'amat ha de ser també amant-cosidor:

"volta'm en farbalà
perquè no m'escapi fes-me uns quants repunts
si vols anar sobre segur cus-me un gafet"


Des del trobadors, l'amor ens transforma com si estrenéssim el millor vestit que no voldrem deixar de portar: tot un símbol d'entrada a una vida nova.


A la cançó de la Beth, la presó d'amor està feta de fil, repunts i cadeneta. 


 http://www.youtube.com/watch?v=s5aS9Ld74h8

La clau la tenen els botons.



diumenge, 3 de novembre de 2013

Donna Leon, Amigos en las altas esferas 7, El Peor remedio 8 y Nobleza obliga 9. Barcelona: Booket

El comisario Brunetti lee habitualmente a los clásicos grecorromanos y acostumbra a encontrar en ellos analogías con aspectos de su vida profesional o cotidiana.
Así en Amigos en las altas esferas Patta extiende la mano con un ademán que
"a Brunetti se le antojó alarmante, similar al que imaginaba que haría Clitemnestra para inducir a Agamenón a apearse del carro." P. 60. Es decir, cuando lo engaña para matarlo.
 
Agamenon regresando de Troya poco antes de que su mujer Clitemnestra con halagos le hiciera bajar de carro para llevarlo a la muerte
También los mitos cumplen su función de modelos o esquemas para interpretar la realidad. En El Peor remedio:

"Brunetti recordó el mito de Orfeo y Euridice, el hombre que perdió a su esposa por mirar atrás para asegurarse de que ella lo seguía, quebrantando la prohibición de los dioses, con lo que la condenó a permanecer para siempre en el Hades. Los dioses que gobiernan Italia habían ordenado a Iacovantuono no mirar, él desobedeció y ellos le quitaron a su esposa para siempre." P. 61.
Orfeo y Euridice de A. Rodin
 Pero no todo es como parece y, particularmente en esta novela, los límites entre legalidad y justicia son borrosos: Venecia, nuestro mundo, es más negro que nunca, mientras Brunetti, vive su conflicto matrimonial, ya que Paola parece haber optado por el peor remedio y está pasando su propio infierno del que no hay Orfeo capaz de rescatarla. 

Fotografía de Toni Catany
 Sin embargo, existe un refugio donde resistir mientras pasa la tormenta:

"Irme a casa a leer –contestó él... No tenía más que cruzar por entre los periodistas que estaban delante del edificio, escapar de sus cámaras y de sus preguntas machaconas, y podría quedarse en casa leyendo hasta que Paola tomara una decisión o hasta que se resolviera todo esto. Podría hacer que los libros lo sacaran de la questura, de Venecia, de este siglo lamentable, lleno tanto de sensibleria barata como de sed de sangre, para llevarlo a mundos en los que su espíritu se sintiera más confortado." P. 73.

Fotografía de Toni Catany