diumenge, 16 de juliol de 2017

Core Santos (2017), Media vida. Barcelona: Destino (Áncora y Delfín)




Pocas metáforas en una prosa expeditiva que, en ocasiones, parece un telegrama y, en otras, es de gran eficacia narrativa.

Los diálogos son ágiles y valientes, dentro de un orden. Tomo un ejemplo que no puede faltar en mi colección de metáforas:

Ante la cuestión de si han tenido nunca un orgasmo Lola contesta:

“…creo que no lo he sentido nunca. Yo sentía amor. Mucho amor.
—Claro.—Dio un salto Olga—.¡Es que hay palabras que se usan en sentido figurado! ¡Son una metáfora!
—¿Tú crees que el orgasmo es una metáfora Olga?...” P. 327.

No es necesario decir más.

Pero vayamos ya a los procesos metafóricos que me interesan de esta novela: los que tienen una función narrativa al están astutamente colocados para estructurar el relato y darle fuerza.

Empiezo por el título que me evoca, quién lo iba a decir, la alegoría con la que se abre la Divina Comedia:

A mitad del camino de la vida
yo me encontraba en una selva oscura,
con la senda derecha ya perdida.

Aquí también hay una analogía semejante:

“…Julia estaba en plena etapa de cambios, limpieza, reestructuración. Siempre llega un momento, después de mucho acumular trastos, en que se impone limpiar a fondo los trasteros, los armarios, los cajones, cualquier recoveco…

Con la vida sucede lo mismo. Este viaje (…) formaba parte del primer plan de limpieza de los armarios de su vida.” P. 234.

Ya tenemos el efecto “media vida” convertido en una especie de magia del orden en el plano psicológico.

La cena que reúne a las cinco amigas después de 31 años tiene algo de catarsis que renueva sus vidas, de reconciliación  con el pasado y de reconocimiento del placer de perdonar. Lástima que el final me parezca demasiado cercano a un manual de autoayuda.

Otro elemento simbólico muy trabajado es el uso de fechas históricas para fijar el relato, aunque a veces lo encuentro excesivo. Destaco el día de la boda del Príncipe de Gales y Lady Di en el año 1981. Todo el hilo narrativo está condensado en este 29 de julio fecha del reencuentro de las cinco amigas y está jalonado de imágenes televisivas del acontecimiento. La farsa del amor romántico se vende comunicativamente, mientras las amigas se reencuentran y hacen balance de sus desamores y de su nada romántica vida sentimental. Brillante antítesis con su punta de ironía.

Por último, no puedo dejar de lado un objeto que parece banal, pero que a mi entender es un leitmotiv que abre y cierra la novela: las tijeras de bordar:

Olga sacó algo de debajo de sus generosas nalgas. Unas tijeritas de bordar doradas, de fina factura, con el mango repujado de bellos motivos vegetales.

—Ésta será el arma del crimen.”

Y se cumplirá esta especie de pícara profecía en muchos sentidos que no desvelaré, pero estas tijeras también será el instrumento que permitirá que Julia siga un camino de realización profesional y personal y, al final, el que selle el pacto del perdón.

"Las cuatro mujeres quedaron iluminadas como en un cuadro tenebrista. La Cena de Emaús, de Caravaggio, en versión femenina." P. 218.

Salimos del tenebrismo que ha impregnado la cena, con tormenta incluida, y la claridad de la recuperación, después de los traumas, se supone que se impone. Dan ganas de saber más de las vidas de estas mujeres.






dimarts, 11 de juliol de 2017

Masao Yamamoto. Metàfores visuals


Pintor de formació sha convertit en un fotògraf poeta.


Captura els records sense estridències, evoca les fotografies de la nostra infantesa i en fa sortir imatges delicades que la crítica anomena minimalistes.


Son més aviat càrregues de profunditat carregades de connotacions.


Trobo més afortunada la comparança amb haikus visuals.


Com l'ametller florit
bandejo el meu neguit
les flors al vent.
(Rosa Leveroni)


Olivera en flor,
sobre núvols de cotó;
carretera en dansa.
(Pep Ros)


Ara estic sol,
quan es podreixi el cos,
terra opulenta.
(Francesc Prat)


Com a cloenda,
només goso a posar un títol a l'última fotografia:
Desig rodó




dimecres, 5 de juliol de 2017

Gonçal Mayos (2016) Homo obsoletus. Precariedad y desempoderamiento en la turboglobalización. Barcelona: Red ediciones S.L


Han caído los muros de los antiguos laberintos, pero nuestro mundo continúa siendo un lugar inhóspito donde uno puede perderse con facilidad. El laberinto de nuestra sociedad posmoderna, digital y globalizada se identifica con la imagen del desierto: espacio abierto y mutante sin señales ni guías.

El principal problema "ya no es encontrar la única salida (entre muros y puertas cerradas), sino sobrevivir y reciclarse continuamente dentro de un laberinto de dunas sin límite y siempre cambiante por los vientos de la historia o el desarrollo tecnológico." P. 17.

Las metáforas le sirven a Mayos de lazarillos en la tarea necesaria y compleja de dotar de sentido la ingente información que maneja y que es el sino de nuestra época. Totalmente de acuerdo, ésta es la función de las metáforas: actuar de linternas para iluminar el entendimiento.




Marcuse, Sontang y Lakoff ya nos enseñaron que multitud de actos cotidianos, casi mecanizados, están condicionados por las imágenes que se infiltran en nuestro lenguaje, en nuestra cultura e, incluso en nuestro cuerpo y en nuestras forma de ocio.

Así, si el ser humano ha sido visto a lo largo de la historia como un guardabosques, un jardinero o un cazador, ahora, quizás sería mejor que pasara a convertirse en un observador que hace públicas sus visiones y actúa de forma minimalista con mesuras coordinadas y efectivas.

Por otra parte, hoy todo parece wiki, cool, burn, líquido y maleable; aunque también: slow, reticular, mestizo, verde y lila. Depende de donde pongamos el foco de la linterna metafórica, que es una herramienta de gran poder aunque pueda ocasionar zonas de oscuridad y equívocos de perspectiva.

Por ejemplo, para volver a la sugerente imagen del moderno laberinto del desierto. Existen otros laberintos sin muros que son caminos de perfección, como el laberinto de la Catedral de Chartres.


Así mismo, en determinares lugares, el desierto real se puebla por las noches: aflora la gente, juegan los niños, suena la música y se intuye que allí existe una comunidad humana, un pueblo, aunque no lo parezca.

¿Se trata de excepciones? Seguro que sí, pero me gusta ver estas pequeñas realidades fuera del foco de la linterna, como indicios de un posible cambio.

Porque hay una juventud que coloca lo común en el centro de sus itinerarios, que no consume compulsivamente y que desea un mundo más igualitario. Una juventud acostumbrada a trabajar en una red que no sea alienante, sino que sume esfuerzos y fomente la equidad.

Espero que el nuevo libro que anuncia Mayor ponga el foco en esta juventud e ilumine, con su saber, el camino de salida de los nuevos laberintos.

Me niego a perder la esperanza.

"Pues en el desorientado hombre turboglobalizado, la gran esperanza de empoderamiento estriba —como ya apuntaba Nietzsche— en devenir "niño" pues es la mejor posibilidad de un "nuevo y radical comienzo." P. 113.